Transeúnte

La política, la ética, en sí, las filosofías de la identidad, el autocuidado y la pertenencia, puede ser trazadas desde muchos más lugares que la hegemónica, clasista y bélica preferencia u orientación en términos de las ciencias sexualis y también de las ars eróticas. La superación de los dualismos no es algo que se pregona, se encarna mientras se enpsiquea y se enpsiquea mientras de encarna hasta que ambas espacios, razones, sensaciones, enunciados y funciones dejan de ser eso, dos.

En 2014 cuando escribí la primera versión de esta idea me faltaban palabras, hoy, me falta paciencia con quienes parecen incapaces de aceptar que lo sexual (en todas sus diversimutaciones) no es origen ni destino de manera generalizada. Y que concluyen sin explicación, que toda práctica, enunciado y visibilidad tienen de origen un deseo de nuestras convexidades y concavidades genitales, es una muestra de salvajismo, prejuicio y moral punitiva, digna de ser llamada oscurantismo, desde una relectura posible en la distancia crítica. Los estudios de género estudian eso, el género. Y la identidad individual, grupal y social se traza desde mucho más que el uso que le damos a los huevos uterinos y testiculares.