Reseña “La habitación” de Jonas Karlsson

“Mucha gente, más de la que cabría suponer, cree que todo está bien. Se sienten satisfechos con las cosas tal como están. Su pereza para salirse de las rutinas les impide detectar los errores. Creen que con hacer lo que esté en su mano, todo se solucionará” (La habitación / Jonas Karlsson)

Lo adecuado, me parece, luego de conocer esta novela corta que nos remite a ¿Quieres ser Jhon Malkovich?, es marcar la existencia de una distancia entre Bjork (personaje principal y narrador) y el resto de sus compañeros. Él es raro, él está seguro de que hay una habitación entre el elevador y los sanitarios, tratará de convencer a sus colegas de que ese lugar existe y dentro ha podido concentrarse para resolver los pedimentos asignados en su nuevo trabajo. Al cual, ha llegado con la convicción de superarse y competir por un puesto directivo. Nuevamente, “los otros” no son como él, él no es como el resto y repetimos el epígrafe.

Sus compañeros no ven la puerta que Bjork les describe. Solo observan que él se queda de pie frente a una pared blanca completamente absorto en sus pensamientos y cual si se tratara de una estatua. Algo perturbador de presenciar por cualquier oficinista, así que la salida más prudente es sugerir que Björn deba ver a un psiquiatra.

Como podría esperarse supone que es víctima de una novatada. O de un proceso de adoctrinamiento por parte del resto de empleados y especialmente el jefe. En palabras de Björn: “¿No era, de hecho, una técnica clásica de dominación intentar convencer a alguien de que está loco?”

Uno de los momentos personalmente interesantes se da cuando la historia se perfila para volverse un romance (y posible drama oficinista) pero no ocurre y es casi como asomarse a un vacío de sentido, pero no saltar. Solo se sienta en ese borde del abismo y nuestro personaje sigue enfocado en el dualismo que le atormenta: ¿La habitación es de verdad o es una mentira?